lunes, 15 de febrero de 2016

El caso del matrimonio igualitario.

*Nota: Esta entrada es en parte una respuesta a este artículo. El texto también funciona de manera independiente, pero para los que estén interesados en el otro lado del debate para tener una visión más completa de la discusión, ahí está.

Con motivo de la reciente decisión por parte de la SCJN (suprema corte de justicia de la nación) sobre la inconstitucionalidad de ciertos artículos dentro del código civil de jalisco respecto al matrimonio, se ha reabierto el debate sobre las implicaciones éticas y legales de permitir y dar validez legal a una nueva configuración de familia. Estamos hablando, por supuesto, de la familia conformada por padres del mismo sexo.

Posiblemente el punto más delicado de esta discusión, sea el de la adopción. Admito de antemano que, aún estando en total desacuerdo con las objeciones por parte de los opositores, reconozco que al menos sus preocupaciones pueden llegar a ser legítimas, ya que están (por lo menos en teoría) enfocadas en un interés público y en la manera en que esta decisión podría afectar a terceros; especialmente a los niños que serían adoptados. 

Primeramente quiero explicar por qué considero que las preocupaciones de los oponentes a la adopción por personas del mismo sexo, a pesar de estar ocasionalmente bien intencionadas, están de hecho cimentadas en un legado de información falsa, manipulada y caduca; en prejuicios y estereotipos destructivos y en el mejor de los casos, en intuiciones profundamente arraigadas cuya validez se ve fatalmente cuestionada en vista de los hallazgos científicos de, por lo menos, los últimos 40 años. Finalmente, mi plan es hacer un caso en el que defiendo que, de hecho resultaría benéfico para la sociedad en general, y especialmente para los niños, el permitir la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

Definiciones y etimología

He escuchado a más de alguno alegar que es importante hablar de los orígenes de la palabra “matrimonio” cuando entablamos una discusión acerca del futuro de la institución en nuestra sociedad. Seamos honestos, esta discusión evidentemente no se trata de etimologías ni de definiciones. Ignorando el hecho de que el lenguaje es, al fin y al cabo una convención social, lo que realmente está a discusión aquí, no es la terminología apropiada. Lo que se está discutiendo, es si debemos o no otorgarle los derechos a una minoría para acceder a una institución que les otorga beneficios legales a los que actualmente no pueden acceder; si existe un interés social de peso para hacerlo o alguno para negarlo. Dicho esto, la batalla por la palabra en sí (matrimonio) y la necedad de sugerir términos alternativos como “homomonio” o “libre convivencia”, me parece un despropósito absurdo y segregacionista. Incluso me veo tentado a decir, que la única explicación de por qué alguien pudiera querer salvaguardar la integridad del término “matrimonio” con semejante fervor, es que sus prejuicios le dictan que una relación homosexual es inherentemente inferior a una heterosexual y nunca será tan “perfecta”, “natural”, “complementaria”, etc.

Matrimonio igualitario vs. matrimonio tradicional

Por alguna razón, algunos detractores insisten en que defender el matrimonio igualitario es un ataque contra el matrimonio tradicional y la familia tradicional. ¿Cuál es la lógica de esto?, ¿de qué manera afectan los matrimonios y las familias de parejas del mismo sexo al matrimonio tradicional de otras personas y a sus familias? El matrimonio igualitario no aboga por la prohibición del matrimonio tradicional, ni por la abolición de la procreación; nadie planea robarles sus niños a las familias tradicionales ni forzar a la gente a casarse con alguien de su mismo sexo si no lo desea. Habría que admitir que este argumento no sólo no procede lógicamente, sino que es totalmente segregacionista y violento, ya que promueve un falso “nosotros contra ellos” que para nada invita al diálogo civilizado que tanto hace falta en esta discusión.

Cuando al defensor de la propuesta 8 (prop 8), que quería establecer el matrimonio como exclusivo entre una mujer y un hombre en el estado de California (EU), se le hizo durante el juicio esta misma pregunta: "¿Cómo atenta el matrimonio igualitario contra la familia tradicional o la procreación?", lo único que pudo responder fue: “Your Honor, my answer is: I don’t know. I don’t know.” - “Su señoría, mi respuesta es: No lo sé. No lo sé”. Y entonces, ¿a qué le tenemos miedo?

Confusión y entorno

Los datos empíricos de estudios respetables arrojan conclusiones que desacreditan por completo las intuiciones de los opositores (porque sin datos, no son más que eso) sobre las consecuencias de la supuesta confusión en la que crecería un niño con padres del mismo sexo. Se asume que exponer a un niño a la homosexualidad sería confuso y peligroso, como insinuando que posiblemente la homosexualidad pueda ser contagiosa o algo por el estilo y de paso, asumiendo que también es algo no deseable. Nada de lo que sepamos de psicología nos dice que este sea el caso, y basta con recordar que la mayoría de los homosexuales fueron criados por padres heterosexuales para desacreditar la idea de que la sexualidad se determina por mera imitación. Dicho esto, yo diría que incluso puede resultar positivo exponer a un niño a esta diversidad, ya que le enseñaría que las cosas nunca son tan blanco y negro en la vida y que es importante reconocer y celebrar nuestras diferencias. Ojalá muchos jóvenes que conozco hoy en día hubieran sido expuestos a esta diversidad en su niñez en vez de a la ignorancia y a los prejuicios. Creo que si este hubiera sido el caso, muchos de ellos no se verían tentados a escupir veneno y a segregar de manera tan despiadada a su hermano, vecino o compañero LGBT (lesbianas, gay, bisexuales, transgénero).

Curiosamente se nos olvida que un entorno que sí es verdaderamente peligroso para los niños, especialmente los LGBT, es el de la cultura homofóbica. Los datos del CDC (centers for disease control and prevention) en EU, nos dicen que la juventud LGBT tiene un riesgo de intento de suicidio más de dos veces superior al de su contraparte heterosexual y el doble de posibilidad de sufrir acoso sexual antes de los 12 años. La juventud LGBT representa el 20% de la juventud sin hogar, porcentaje totalmente desproporcionado, ya que incluso las consideraciones más altas dicen que la población LGBT no supera el 10% de la población general. Aparte, la mayoría de estos jóvenes reporta que la razón de que estén sin hogar, es por el conflicto con su familia por su orientación sexual.

Cuando apenas empezaba a despegar el fantástico proyecto “It gets better”, que lidia con el bullying hacia la comunidad LGBT, su creador Dan Savage, habló con su hermano para decirle que reconocía que a pesar de que él no era homosexual, el acoso que había vivido en su infancia había sido mucho peor. Su hermano, por su parte, le dijo que eso era cierto, pero que al menos él siempre tuvo un consuelo cuando regresaba a casa con sus padres, a diferencia de Dan. Savage nos recuerda así, que a pesar de que existen muchos tipos de bullying y que todos ellos son atroces, el bullying a la juventud LGBT viene frecuentemente desde todos los frentes. El niño LGBT es acosado en la escuela por sus compañeros, en la iglesia por el sacerdote y su comunidad, en los medios por los detractores del matrimonio igualitario que dicen calumnias en su contra y a veces hasta en su misma casa, por sus padres y sus hermanos.

El infame Regnerus

En el 2012, el sociólogo Mark Regnerus de la Universidad de Austin, publicó un estudio en el que alegaba que los niños que crecen con padres del mismo sexo sufren de desventajas considerables en comparación a sus contrapartes que crecen con padres del sexo opuesto. Este estudio llamó mucho la atención, porque contradecía los datos de tres décadas de estudios que dicen que los niños con padres del mismo sexo resultan tan bien como sus contrapartes. Uno de los principales problemas que creó gran controversia, es que el estudio arroja conclusiones que sus datos no pueden sustentar. 

Regnerus alega tener el muestreo más grande que se ha tomado en estudios de esta índole, con una muestra conformada por 3,000 niños de diferentes entornos familiares. Pero convenientemente, no nos dice que de los 236 niños que fueron criados por parejas homosexuales, tan sólo 2 cumplían con los requisitos para considerárseles una muestra justa y representativa que controlara otros factores que pudieran causar resultados desfavorables. La mayoría eran, de hecho, hijos de familias rotas, en los que alguno de los padres biológicos originalmente estaba casado con una pareja del sexo opuesto y luego se separó para empezar una relación con una nueva pareja del mismo sexo. Pocos niños reportaban haber vivido con ambos padres (homosexuales) por más de tres años. Sus conclusiones iniciales son por lo tanto deshonestas, y en todo caso, nos dicen algo que ya era sabido con anterioridad: la inestabilidad familiar no es el entorno ideal para que un niño se desarrolle. A esto se le puede agregar que existe gran controversia sobre un posible conflicto de interés de parte de las organizaciones que aportaron el dinero para el estudio: the National Organization for Marriage (NOM) y the Whitherspoon Institute. Ambas organizaciones activas políticamente en contra del matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

Finalmente, a pesar de que estoy dispuesto a poner sobre la mesa la información sobre los estudios respetables pertinentes al tema, creo que es bien importante notar lo obsceno y tendenciosos que resulta solicitar este tipo de estudios que certifican la capacidad de criar niños exclusivamente a la comunidad homosexual. Esta actitud, en mi opinión, legitimiza los prejuicios y estereotipos que se tenían en tiempos en los que la homosexualidad era criminalizada y considerada una enfermedad mental. Curiosamente ninguna otra minoría se ve forzada a entregar estudios científicos que certifiquen su capacidad para criar niños antes de que les otorguemos el derecho de contraer matrimonio y adoptar. Puedo apostar que nadie se vería tentado a decir que si los estudios nos dijeran, por ejemplo, que los hijos de una minoría como los pelirrojos muestran desventajas en comparación a los hijos de padres de cabello oscuro, tendríamos que quitarles a todos los pelirrojos el derecho de adoptar y de casarse. ¿Por qué sólo las parejas del mismo sexo tienen entonces que ganarse este derecho que todos los demás gozan por defecto?

Procreación

Hoy en día, cualquier persona con una pizca de criterio está dispuesta a admitir que la procreación no debería ser un requisito para el matrimonio, ya que los beneficios legales que conlleva este contrato son diversos y también de interés para personas que no tienen necesariamente el deseo o la capacidad de procrear. A pesar de esto, algunos detractores del matrimonio igualitario siguen poniendo sobre la mesa argumentos que afirman que la procreación y el matrimonio, o incluso la capacidad de criar niños, están íntimamente relacionados. Casi nadie se atreve a decir que el matrimonio o la adopción no deberían de ser accesibles para parejas estériles, pero la mayoría de los argumentos que hablan sobre la capacidad de procrear, inevitablemente aplican tanto a parejas homosexuales, como a parejas heterosexuales estériles. Por ejemplo: “Los niños no provienen de forma natural de un sólo sexo autónomo y autosuficiente, entonces ¿por qué en la crianza sí?” Si tomo este argumento y reemplazo unas pocas palabras, manteniendo exactamente el mismo razonamiento, podría decir: “los niños no provienen de forma natural de parejas estériles, entonces ¿por qué en la crianza sí?”. Pero no seamos ingenuos, el matrimonio no se trata de procrear, y lo que un niño necesita no es que sus padres tengan órganos sexuales complementarios, lo que necesita es un entorno amoroso y seguro en el que se le inculquen valores que lo ayuden a transformarse en un adulto con conciencia social, crítico, responsable, informado y capaz de ser feliz por sus propios medios. 

Roles de género

Siento que de alguna forma, muchos de los argumentos en contra de la adopción por parejas homosexuales, insinúan que hay algo intrínsecamente exclusivo a cada uno de los sexos que resulta indispensable para el desarrollo de un niño. Los estudios evidentemente no dicen que este sea el caso, pero de cualquier forma me gustaría preguntar: ¿quién puede hoy en día hacer un argumento que no sea calificable de sexista en el que se sostenga que ciertos valores son exclusivos a un género o a otro?, ¿quién se atreve a decir que la amabilidad y el cariño son exclusivamente femeninos o que la ambición y el coraje son exclusivamente masculinos? Siento que este razonamiento sobre la complementariedad falla terriblemente, porque no reconoce que los roles sexuales son primordialmente una construcción social y que el movimiento en búsqueda de la igualdad de género ya nos ha llevado muy lejos de esta concepción sexista de los roles. ¿Acaso no hay hogares en los que la madre es la que personifica los valores normalmente considerados masculinos y el padre los femeninos? 

Nuestras intuiciones sobre lo importante de la complementariedad de los sexos, también se ven profundamente menoscabadas por el hecho ineludible de que existen variables mucho más importantes que determinan la manera en que los padres criarán a su progenie. Propongo el siguiente ejercicio: imagínense tres parejas con un hijo cada una. Dos de ellas viven en la misma ciudad, comparten un nivel socioeconómico y educativo, comparten el mismo credo religioso, comparten la misma ideología política y tienen una historia familiar muy similar. La única diferencia entre ellas, es que una de las parejas está conformada por dos hombres y la otra por un hombre y una mujer. La tercer pareja, por su parte, está conformada también por un hombre y una mujer, pero vive en un lugar muy lejano al de las otras dos, con una cultura muy distinta y con costumbres muy distintas, tiene otro nivel socioeconómico y educativo, tiene una ideología política opuesta, pertenece a otra religión y tiene un trasfondo familiar distinto. Sabiendo esto, ¿los niños de cuáles parejas consideraría usted que crecerían en un entorno más parecido? ¿Qué pesa más: el género de los padres o todos esos otros factores?

Cuando los detractores del matrimonio igualitario dicen que la adopción por parejas del mismo sexo es un experimento muy riesgoso, se olvidan de que siempre han existido una multitud de enfoques sobre cómo debería de ser la crianza y que inevitablemente cada niño es un nuevo experimento. Se olvidan también de que los datos empíricos están en su contra y que sus mejores argumentos, casi siempre resultan ser sexistas o discriminatorios. Por alguna razón, no se dan cuenta de que sus prejuicios son lo único que les queda para justificar la idea de que una pareja del mismo sexo es menos competente que una del sexo opuesto cuando se trata de criar niños.

¿Natural?

La supuesta “no naturalidad” de la homosexualidad es también un argumento popular entre los detractores del matrimonio igualitario. El argumento dice que: “la homosexualidad no es natural, por lo tanto no podemos permitir que ellos se casen ni adopten”. Hay un sinfín de problemas con este argumento. Primeramente, ¿qué quiere decir natural en este contexto?: ¿que no ocurre en la naturaleza? Falso, este fenómeno ocurre, para empezar, en los humanos que somos parte de la naturaleza, pero también en un montón de otras especies. ¿Natural quiere decir que no es congénito? Aún no hay pruebas de esto, pero para el caso, tampoco las hay de que la heterosexualidad lo sea, entonces, ¿tampoco es natural? Creo que es justo decir que si se encuentra tal cosa como un gen heterosexual, seguramente es porque habrá uno homosexual también. Tal vez están diciendo que no es natural porque es un trastorno psicológico. La mayoría de las asociaciones psicológicas respetables no están de acuerdo con esto desde hace más de 40 años y consideran que, al igual que la heterosexualidad, la homosexualidad es una expresión normal de la sexualidad humana. ¿Natural quiere decir que no es normal? Ciertamente no es la norma y es un fenómeno más inusual que la heterosexualidad, ¿pero su estatus de minoría los hace moralmente inferiores o incapaces de criar? No veo por qué. Incluso asumiendo que efectivamente no sea “natural” la homosexualidad (sabiendo que existen un montón de posibles cosas a las que se estén refiriendo con esto y todas ellas son problemáticas), ¿qué tiene que ver cualquiera de estas acepciones de “natural” con la aptitud para criar hijos? Así pues, podemos ver que este argumento, como es costumbre por parte de la oposición, no está fundamentado más que en retórica vacía, intuiciones caducas y prejuicios.

Ideología de género

Hay quienes dicen que detrás de la lucha por el matrimonio igualitario y otras causas LGBT, existe una conspiración orquestada por la ONU, llamada: “ideología de género”, cuya propaganda alega que: “cada persona no nace con un sexo determinado, sino que conforme va creciendo, el ser humano puede decidir por sí mismo qué orientación sexual escoger” y atenta así contra el esquema actual de la familia. Pensar que esto tiene el menor sentido, delata una profunda ignorancia sobre lo complejo que es el tópico de la sexualidad y la identidad de género en el humano. Primeramente, el sexo y la orientación sexual son cosas completamente distintas: el sexo se refiere meramente al género biológico de la persona, que es mayormente binario (aunque discutiblemente ambiguo en más de algún caso excepcional) y la orientación sexual, en cambio, se refiere a qué personas puede uno sentirse atraído sexualmente y es un espectro complejísimo, lleno de matices. La orientación sexual y el género sexual son cosas totalmente independientes y por eso mismo existe lo que llamamos "homosexualidad”: individuos cuyo género es masculino, cuya identidad de género es hombre y cuya atracción sexual es primordialmente hacia las personas del mismo género. Aparte de esto, la palabra “escoger”, resulta más que inapropiada cuando se habla de orientación sexual. El hecho de que se le llame “orientación” y no “preferencia”, se debe justamente a que años de investigación psicológica descartan la posibilidad de que la sexualidad sea una mera elección. Las personas evidentemente nacen con un género determinado (aunque incluso esto puede llegar a ser ambiguo), pero su sexualidad de ninguna manera es una mera elección, ni para homosexuales ni para heterosexuales.

El veneno en las palabras

El lenguaje utilizado frecuentemente en la retórica de los opositores al matrimonio igualitario delata un profundo sentido de superioridad, una terrible ignorancia de los hechos y un afán casi patológico de perpetuar esos prejuicios caducos que sólo logran separarnos cada vez más. Con veneno escondido entre las palabras, reluce una necedad de desprestigiar al prójimo en toda su extensión: su sanidad mental, la calidad de sus relaciones, la calidad de su moral y hasta la naturaleza misma de su condición.

Estas son algunas de las palabras que utilizan los opositores sin siquiera notar el odio subrepticio en lo que dicen: “hoy es la aceptación del matrimonio entre personas del mismo sexo, pero mañana, sería la condenación de la monogamia o la aceptación de la pederastia”, “no permitamos que nuestros hijos y nuestros nietos vivan en una sociedad, donde sea vea como bueno, lo que no es normal”, “¿cómo anteponer una unión estéril y artificial a la institución milenaria del matrimonio?”, “que no venga una minoría de moral quimérica, enfrascada en una disputa de romanticismo falaz, a reformar un concepto que ya existe.”, “la verdadera lucha del bloque LGBT no es contra la sociedad, sino del hombre contra la naturaleza que no le produce descendencia a esta unión sintética.”, "mientras no se demuestre que la homosexualidad es una condición congénita, su naturalidad no va a ser avalada

La institución del matrimonio

Algunos detractores del matrimonio igualitario también hablan de que el matrimonio es una institución milenaria, núcleo de todas las civilizaciones. Dicen que es la unión más trascendente de todos los tiempos y que precede incluso a la institución del estado. Que su realidad es única, absoluta e irreversible. Curioso que digan esto, ya que todo lo que sabemos históricamente, nos dice que de hecho el matrimonio, si bien ha perdurado por milenios, ha cambiado muchísimo a través del tiempo. 

El matrimonio no siempre fue una decisión entre dos personas para entrar voluntariamente a dicho contrato: llegó a ser un acuerdo entre el padre de la esposa y el marido exclusivamente; la esposa no tenía ni voz ni voto en esto y a veces incluso cedía todas sus propiedades al casarse. El matrimonio entre familiares (especialmente primos) no siempre estuvo prohibido y de hecho, era bastante normal. También llegó a estar permitida la poligamia en el matrimonio: como es el caso de personajes bíblicos como Jacobo o Salomón, que llegaron a tener miles de esposas. La edad a la que se puede contraer matrimonio también ha cambiado un montón a través de los años. El divorcio no siempre fue tan accesible: tenía que haber razones de peso para disolver el matrimonio y no bastaba un mero acuerdo mutuo, ni mucho menos existía el divorcio exprés de hoy en día. En EU, hasta 1967 aún existían estados que tenían leyes para impedir el matrimonio entre personas de razas distintas.

Entonces, si los intereses sociales lo justifican, ¿por qué tener miedo a estas reformas y a hacer el matrimonio más incluyente? Ya hemos hecho un montón de cambios y revisiones al matrimonio, eliminando, por ejemplo, las cadenas del racismo y el sexismo que tenían secuestrada a la institución. Es nuestra responsabilidad procurar que nuestras instituciones sean siempre congruentes con nuestros valores. Es por esto, que en pos de la igualdad, hoy tenemos la obligación de reformar nuestras leyes para disolver los prejuicios que excluyen a la comunidad LGBT de la institución del matrimonio.

Conclusión

Los derechos básicos de ningún individuo deberían estar sometidos a votación y la discriminación injustificada nunca debería estar legislada. Las leyes que antes hacían imposible el matrimonio entre personas del mismo sexo, son discriminatorias e injustas porque segregan a una minoría y la privan de derechos que otros sí tienen; sin justificación ni interés público de por medio. 

Los estudios confirman que no tenemos razón alguna para pensar que los niños criados por parejas del mismo sexo no resultarán tan bien como sus contrapartes. El matrimonio, como es entendido actualmente, ya no tiene nada que ver con roles de género, ni con la capacidad de procrear. Legalizar el matrimonio igualitario no afecta de manera alguna a que los matrimonios tradicionales se sigan efectuando ni a que los que así lo deseen, sigan procreando. ¿Qué excusa nos queda?

Permitir el matrimonio igualitario y la adopción por parte de parejas homosexuales, es dar el primer paso en tener el valor de reconocer que en nuestra búsqueda de la igualdad, ya no existen excusas para darle cabida a las voces ignorantes que dicen que la comunidad LGBT enferma a nuestros niños y diluye nuestras instituciones, que su amor es inferior o que su naturaleza es inmoral. Reformar nuestras leyes para incluir a las parejas del mismo sexo en el matrimonio, es de hecho una invitación, ya muy postergada, a la inclusión y a la normalización de un sector de la sociedad que ha sufrido por años de una terrible, injusta y despiadada marginación. Legalizar la adopción por parejas del mismo sexo, aumenta también las posibilidades de que un montón de niños, que de otra manera crecerían en condiciones terribles, encuentren un hogar en el que puedan ser debidamente cuidados y amados. Si se trata de que los niños estén en el mejor entorno posible para su desarrollo, en el caso de que no existan o no estén los padres biológicos, ¿no es cierto que una familia estable de padres homosexuales es cuando menos mejor que ningún padre?, ¿por qué le negaríamos a un niño esta posibilidad de tener un hogar?

Algunos dirán que es tiránico lo que la SCJN hizo al decidir por encima de la opinión de la mayoría de jalisciences. Yo diría que tiránico es creer, que por el simple hecho de ser mayoría, un grupo tiene el derecho de perpetuar esta infame labor de erguir muros entre nosotros, ignorando la humanidad esencial que nos une. Es ahora el momento de tomar una decisión y dar el primer paso, el momento de soltar nuestros viejos prejuicios, de olvidar el odio y el veneno con el que nos educaron y admitir al fin, que la igualdad lo vale, que nuestros miedos son fantasmas y que en el fondo, somos todos más similares de lo que a veces estamos dispuestos a admitir.


Fuentes y referencias: